¿Puedo mejorar mi resiliencia?

¿Dónde reside la capacidad de algunas personas para crecerse ante las dificultades? ¿Se puede aprender a afrontar las dificultades de una manera positiva? La respuesta a estas preguntas reside en la resiliencia.

Durante los años 90 del siglo pasado, el científico Boris Cyrulnik, comenzó a divulgar y a extender el concepto de resiliencia. Ese concepto, abordado por John Bolwby en sus trabajos sobre el apego, hace referencia a la capacidad de afrontar la adversidad sin llegar a romperse. Como el junco que hace frente al viento sin llegar a quebrarse. Bolwby, apunta a que nuestra resiliencia se conforma, en gran medida, a partir del tipo de apego que hemos establecido con nuestros cuidadores principales. Pero, ¿se puede fortalecer nuestra resiliencia?


La respuesta es sí, claro que podemos trabajar diferentes elementos de nuestra salud psicológica para potenciar nuestra resiliencia. Si quieres convertir las adversidades en aprendizajes, si quieres salir fortalecido tras las dificultades o si quieres superar los problemas sacando lo mejor de ti, es momento de que cuides tu salud psicológica y te pongas manos a la obra para cultivar tu resiliencia.


Como siempre decimos en nuestro blog, nadie mejor que un profesional de la psicología para ayudarte con tu salud psicológica. Sin embargo, en el post de hoy te ofrecemos algunas claves que pueden ayudarte a mejorar tu resiliencia.

  • Posiciónate como una persona activa. Cuando estés pasando por una dificultad, una adversidad o un problema, coloca tus esfuerzos en ser protagonista de las acciones. De esta manera aumentará tu sensación de control y mejorarán las posibilidades de resolver adecuadamente la situación. Confía en tus capacidades y en tus posibilidades de enfrentarte a los problemas. Cuando las cosas escapen a tu control, mantén la calma ante la incertidumbre, sea lo que sea lo que vendrá, puedes con ello.
  • Dale un lugar a la esperanza. Aunque las cosas se estén poniendo muy oscuras dale un espacio a la posibilidad de que tú puedas estar bien en el futuro. Y si parece que la situación nos va a superar inevitablemente, no te olvides de pedir ayuda a otras personas. No hay mayor debilidad que el deseo de querer afrontar los problemas en soledad.
  • Abre el punto de vista. No te centres exclusivamente en las cosas que pueden salir mal, contempla también cómo estás funcionando tú durante la adversidad y todo lo que puedes estar aprendiendo a partir de las dificultades. Cuando el problema involucre también a otras personas trata de empatizar con ellas. Ponerte en sus zapatos puede ayudarte a reducir enfados y evitar conductas impulsivas.
  • Escucha a “tu Sherlock Holmes” interno. Investiga e identifica cuales han sido las causas del problema en el que te encuentras. Si la responsabilidad es tuya, actúa con humildad, reconoce tus errores y trabaja para enmendarlos, pidiendo ayuda si es necesario. Si la responsabilidad no es tuya, asume la situación e intenta minimizar el impacto que genera en ti.
  • ¿Hay solución? Haz una búsqueda de posibles soluciones al problema. Si encuentras la solución ponte manos a la obra sin dilación. Sin embargo, hay problemas que no tienen solución, en cuyo caso, mejor será no seguir dándole vueltas al problema, busca cobijo y espera a que el terremoto termine. No hay mal que mil años dure.
  • Aquí y ahora. No te atormentes por cómo podían haber sido las cosas, si tienes que mirar al pasado que sea para aprender y mejorar. Tampoco te angusties por cómo será el futuro, mirar adelante sólo para marcar un horizonte que nos motive. Por tanto, céntrate en lo que quieres hacer ahora y cómo quieres encarar el problema.
  • Roma no se construyó en un día. Mantén la calma y cultiva la paciencia. Son pocos los grandes problemas los que se resuelven de manera rápida. Por tanto, no te precipites ni intentes que las cosas vayan más rápido de lo que pueden. Disfrutar de la resolución del conflicto puede ser también un aprendizaje.
  • Ríete, no refunfuñes. Ríete, siempre que puedas, por difícil que sea la situación, ríete. Busca el lado cómico de las cosas. Tratarte con cariño pero con humor hará que las penas pasen más rápido y de una manera menos acuciante. Si la situación es tan complicada que necesitas quejarte, hazlo para pedir ayuda.
  • Otórgale un sentido a tus vivencias. Sean cuales sean tus creencias es bueno darle un sentido a las adversidades. Puedes entender la vida como un proceso de continua adaptación en la que la adversidad es parte de la vida.
  • Que no te obsesionen tus metas. Persigue tus metas, búscalas con ahínco y orienta tus acciones en su búsqueda. Sin embargo, guárdate la bala de la adaptación en la recamara. A veces los sueños no pueden cumplirse y debemos ser capaces de reorientar nuestras metas. Ser capaces de reorganizar nuestros objetivos puede ser el mayor de nuestros éxitos.

Recuerda que las personas resilientes tienen mejores pronósticos en la resolución de sus conflictos, padecen menos problemas de salud y cuentan con una mejor salud psicológica. Por tanto, si quieres alcanzar el éxito en cualquiera de las esferas de tu vida, es momento de cuidar tu salud psicológica.